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Porsche Spyder 550…  “La Historia Oficial“ (Parte 1 y 2)

Sin duda el Porsche Spyder 550 es un automóvil que se inmortalizó por meritos propios  y además debido al famoso accidente que acabo con la leyenda del actor James Dean.

En esta nota no hablaremos de las bondades y defectos del vehículo, tampoco de las  circunstancias que rodearon aquellos acontecimientos, de lo que si hablaremos es de cómo este vehículo se constituyó en un icono de la juventud de entonces y como en la medida de que estos jóvenes alcanzaban su madurez y sus mentes perduraban en el pasado, la imagen del 550 comenzo a replicarse de la mano de distintos artesanos, especialmente en los Estados Unidos.

Fue así que Charles Beck un entusiasta de California comienza a reproducir bajas series del 550, situación que va tornándose más difícil en la medida que la producción industrial en el país del norte se ponía cada vez más costosa. Es entonces cuando Beck toma contacto con la familia Masteguin de San Pablo, artesanos brasileros pioneros en trabajar la fibra de vidrio y materiales compuestos.

Con la experiencia necesaria en moldear carrocerías y trabajar esos materiales novedosos para la época se llega a un acuerdo por cuanto la planta de “Chamonix “ en San Pablo produciría las versiones del Spyder 550 al que luego fue sumado el “Speedster” y otros productos que serian comercializados por Beck en California para el mercado americano.

Así da comienzo la producción y venta del 550 en Brasil, siendo la mayor parte exportada a  EE.UU. y a otros países. La venta local se hace en forma de armado sobre ruedas o en kit para armar.

Fue entonces que un entusiasta del sur de Brasil, más precisamente de la ciudad de  Santa Vitoria a 50 kilómetros de la frontera con Uruguay, kit mediante pretende copiar y fabricar el auto con intención de vender pequeñas series y las promociona boca a boca como Buggys para la arena.

En esa aventura lo acompaña un lugareño de la zona fronteriza llamado “Tigre “  Indarte, un verdadero sportman, piloto aviador y motociclista, mediante el cual el querido y recordado “Tom“ Malet, otro gran amante de los sport y “bon vivant“  uruguayo, se entera del producto fronterizo y como por arte de magia pedazos y partes de esos kits llegan a Montevideo.
Ya los kits en Montevideo, Malet los arma con elementos de VW 1200 pero el amor, la pasión y el bajo presupuesto no pudieron con el resultado final, obteniendo una carrocería cuyas líneas no coincidían, la suspensión no trabajaba y así todo el conjunto, de manera que la decisión final fue la de recomponer la economía de su artesano-constructor y poner el auto en venta.

Aun con riesgos incluidos y muy discretamente, ya que el origen del auto en Uruguay no era precisamente fiable (hubo que elaborar una fina ingeniería con elementos de desarmadero…. o más bien, con papeles para patentar provenientes del desarmadero) nos lanzamos a la aventura de encarar la compra de tener al menos algo que nos transportara al original Spyder 550. La idea era producirlo en baja escala para vender en Argentina y Uruguay para lo cual comenzamos a explorar en la idoneidad y capacidad de artesanos rioplatenses.

Es entonces que luego de armarlo como mejor se pudo, nos aventuramos a participar de unas Mil Millas argentinas en su recorrido a Córdoba, donde con nuestro amigo Roberto Albamonte llevamos el auto en todo su trayecto sufriendo los avatares previstos para un medio mecánico que no estaba para tal exigencia.

De lo que si finalizamos convencidos fue de que el auto merecía tener el tratamiento adecuado, debiendo para ello encarar un repaso total de sus elementos. 
Los admiradores del producto alemán, sabíamos ya de su producción bajo otras banderas y es así que llegamos a Chamonix en San Pablo concretando una entrevista con su principal Newton Masteguin para interiorizarnos del proceso industrial de fabricación, partes y provisión de elementos específicos para el auto.

Invitamos para que nos acompañaran en este viaje a dos grandes impulsores del auto sport como son Aldo Perlini y Néstor Salerno, emprendiendo juntos a nuestro retorno de Brasil una  aventura desde “Don Torcuato“, reducto elegido para el desarrollo de nuestro Porsche Spyder 550 “Rioplatense “, quedando asimismo en sintonía para futuros proyectos con Chamonix ya que el Mercosur naciente nos deparaba grandes ilusiones.

Nada de eso sucedió. Lo que si ocurrió fue, ya desvinculado Perlini, y mediante acuerdo entre el constructor y el suscrito, decidimos desarmarlo, copiarlo y armarlo nuevamente con mejores elementos. El rédito seria el poder comercializar el auto en Argentina por Salerno y nosotros recibiríamos un par de carrocerías y elementos que destinaríamos a un 550 de “carrera“ que Albamonte conduciría en el entonces momento de apogeo de la categoría sport.

Comenzamos a programar el trabajo de acuerdo a un permiso de estadía que nos diera la aduana argentina al ingresar el auto desde Uruguay: un plazo de 6 meses con opción a otros 6 meses más.

Parecía tiempo suficiente para moldear 6 piezas de fibra que son la base del auto.

Ya con el 550 depositado en “Don Torcuato“ bajo la mano diestra y expediente de Salerno, confiamos en que los 6 meses otorgados por la aduana Argentina debía ser suficiente tiempo para desarmar los plásticos, moldearlos, reforzar y modificar otros elementos del conjunto y estar nuevamente subiendo a Buquebus de regreso a Montevideo.

Durante el proceso de “copiado“ del auto no escatimamos esfuerzos en viajar e ir aunque mas no fuera por un rato hasta “la planta de armado“, siendo cada retorno más desalentador que el viaje anterior.

Partes y pedazos por todos lados, bromas y risas por todos lados, buenos momentos compartidos en el taller, pero el asunto es que el auto no avanzaba nada y los seis meses se consumían y ya veíamos que no llegábamos a tiempo con el plazo de aduana cosa que efectivamente ocurrió.

Solicitamos una extensión administrativa ya que la única forma de sacar el auto de Argentina hubiera sido en chata, nos otorgaron la prorroga, y visto lo sucedido por el incumplimiento en el tiempo de entrega, decidimos retirar el 550 como fuera de “Don Torcuato“ y depositarlo en las manos de un conocido especialista de la localidad de Beccar a fin de armarlo y darle la presentación en aluminio y detalles que harían que nuestro Spyder 550 estuviese un poco más cerca de aquel auto de leyenda que tanto admirábamos .

En esta ocasión y por circunstancias parecidas la experiencia fue un fracaso, volábamos por medio día de Montevideo a Buenos Aires con la ilusión de ver un poco mas terminado el auto e igualmente los seis meses se esfumaron y nuevamente segunda solicitud de extensión ………………..y esta era la última, como fuera había que sacarlo de Argentina a término. Y lo sacamos ……… poco menos que arrastrándose contra el piso, más bien el auto regreso a Montevideo de la mano de mi amigo Rafael Pons (Restaurador, constructor de varios Lotus Seven para el mercado uruguayo y diseñador del apoya cabeza del 550) a quien confieso debí haber entregado el auto desde un principio para realizar la tarea encomendada. Pons es uno de tantos talentos que emigraron al norte tentados por equipos de primera línea.

Interesante fue lo que sucedió durante el proceso de replicado de partes y moldeado del auto , lejos estaba yo de saber y conocer los tratos y acuerdos que se estaban gestando en galpones del viejo aeropuerto, adonde llegó un publicista devenido en mediocre constructor, quien con billetes verdes de épocas del memorable gobierno de la pizza y el champagne, mediante sagaces manejos supo apropiarse de los elementos mecánicos y constituirse en autor del Spyder 550 para el mercado argentino……………. claro, claro está que con la espantosa estampa de sus iniciales al frente del auto, el fracaso estaba asegurado …… y así fue.

Esta es la historia oficial de como el 550 cruzó el río y se quedó por 18 meses entre ‘Don Torcuato' y ‘Beccar' para culminar armándolo en Montevideo.

 

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